Los escritores de ciencia ficción presentan al hombre del mañana: "como un ser más inteligente, con un cerebro voluminoso en un cuerpo raquítico.
Los “futurólogos” predicen que llegará un día en que los científicos podrán mejorar el cuerpo humano en muchos aspectos logrando, por ejemplo, que subsista con muy poco alimento y no mas de dos horas de sueño al día. Pero hay pocos hombres de ciencia que creen posibles estas especulaciones. Si miramos hacia el pasado, no encontraremos apoyo para las teorías que predicen grandes cambios en el hombre del futuro. Las momias de antiguas culturas, como egipcias y peruanas, demuestran que los hombres de antaño sufrieron básicamente las mismas enfermedades que enfrenta hoy la ciencia: caries dentales, arteriosclerosis, paperas, epilepsia, paludismo y cáncer, por citar sólo algunas. Las enfermedades del hombre no han cambiado sustancialmente desde la más remota antigüedad. La naturaleza de la anatomía y la fisiología humanas constituye el principal obstáculo para los proyectos de establecer colonias en el espacio. Para lograrlo, los científicos tendrán que inventar tecnologías y equipo que permitan al hombre vivir en estaciones espaciales o pasar meses en asentamientos lunares. Las técnicas quirúrgicas, por dar un ejemplo, tendrán que cambiar, porque en el momento en que el cirujano hiciera una incisión abdominal, los intestinos del paciente saldrían flotando... Ante esto, si el hombre llegase a ser como predicen los futuristas, pasaran tal vez miles de años, lo cual, por supuesto es garantía de que no lo veremos y por lo tanto, no debemos preocuparnos por ello.
miércoles, 22 de julio de 2009
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